dilluns, 18 d’abril de 2011

Le quiero a morir.

Podéis destrozar todo aquello que veis, porque el de un soplo lo vuelve a crear, como si nada. El borra las horas de cada reloj y me enseña a pintar transparente el dolor con su sonrisa. Levanta una torre desde el cielo hasta aquí y me cose unas alas y me ayuda a subir a toda prisa. Me dibuja un paisaje y me lo hace vivir en un bosque de lápiz se apodera de mí. Y me atrapa en un lazo que no aprieta jamás, como un hilo de seda que no puedo soltar. Cuando trepo a sus ojos me enfrento al mar, dos espejos de agua encerrada en cristal.
Sólo puedo sentarme, sólo puedo charlar, sólo puedo enredarme, sólo puedo aceptar ser sólo suya, tan sólo suya.

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