dilluns, 16 de maig de 2011

Nací en el mediterráneo.

Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya y amontonado en tu arena guardo amor, juegos y penas. Yo que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul para que pintes de azul sus largas noches de invierno, a fuerza de desventuras tu alma es profunda y oscura. A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino. Y te acercas y te vas después de besar mi aldea jugando con la marea te vas pensando en volver, eres como una mujer perfumadita de brea que se añora y que se quiere, que se conoce y se teme.

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