dimarts, 26 d’octubre de 2010

No necesito ser la primera, sólo la última

Otra vez martes. Al menos eso creo. He perdido el rumbo hace mucho tiempo y me siento confusa, desorientada, cansada… Quizá fue martes ayer, quién sabe. ¿Acaso importa algo? Todos los días son iguales.
Nací en un mundo sin alma, de eso me doy cuenta cuando miro a la gente a la cara...

Gente...hay una gran cantidad de "personas" que creen saber la verdad, pero que no admiten que otra persona diga A cuando ellos piensan B, que no admiten una decisión si no están de acuerdo con ella, aunque en nada les afecte; nací en un mundo donde cualquier rasgo de diferencia es aplastado reprimido y enterrado junto a los sueños y junto a todo lo que alguna vez pudo ser y no fue. Nací en un mundo donde nos enseñan valores, pero cada quien los acomoda a su gusto y antojo de forma que de ellos puedan sacar el mayor provecho personal posible, nací en un mundo donde al que propone cambio lo tachan de terrorista, de vándalo, de paria social, de loco, de cualquier cosa, y es expulsado de la sociedad moralmente, es rechazado, es reprimido y cuando ese ser reprimido despierta, todos lo señalan a él; crearon un monstruo y lo culpan a él y no a su creador. Nací en un mundo donde un edificio es más caro que un millón de flores, donde un saco de billetes vale más que un niño alimentado. Nací en un mundo en el que nunca quise nacer; nací en un mundo donde para alcanzar metas hay que atropellar a mucha gente; de lo contrario aquel camino será casi imposible de recorrer. Nací en un mundo donde la gente habla de la bondad, de la solidaridad y de la importancia de los sueños y del amor, pero la gente se encierra en su pequeño mundo de cercas y seguridad y hacen lo posible para olvidar que al otro lado de la calle existe la injusticia; o que creen que la solidaridad es tirar una moneda a un niño que pide en la calle o que piensan que los sueños son importantes, pero cuando son grandes, cuando no son personales, cuando el sueño es mejorar el mundo, ese soñador es un pobre idiota, o tal vez un terrorista; o que aceptan la existencia del amor, pero no soportan que alguien lo encuentre si no es en sus propios términos. Nací en un mundo destruido por mi propia especie. Nací en un mundo donde la gente cada domingo va a la iglesia y el resto de la semana se dedican a criticar, a destrozar, a rechazar al que ese domingo prefirió hacer el amor todo el día. Nací en un mundo sin alma, sin personalidad, nací en un mundo que destruimos de a poco; nací en un mundo donde lo impuesto debe ser aceptado; nací en un mundo donde la gente en vez de intentar cambiar la realidad le huyen, la olvidan y la ignoran consciente e inconscientemente. Nací en un mundo donde la gente da la mano solo a aquellos que consideran de igual estatus que ellos mismos. Nací en un mundo donde la gente cree que la pobreza existe por culpa de los pobres. Nací en un mundo irracionalizado habitado por personas supuestamente racionales que reprimen su propia racionalidad para vivir en una sociedad. Nací en una sociedad donde el cobarde es considerado cauteloso y el valiente es considerado loco y estúpido; nací en un mundo donde pensar diferente es terrorismo Nací en un mundo sin alma, de eso me doy cuenta cuando miro a la gente a la cara...

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