dimecres, 19 de maig de 2010

La mar ens parlarà d'amor.



Es curioso como de un segundo a otro te recorre una sensación asquerosamente desagradable que quiere hacerte creer que todo está acabado, que no tienes arreglo, que eres insignificante, y que las personas insignificantes no hacen grandes cosas, y cinco minutos más tarde te electrocuta una energía positiva que te hace creerte capaz de coger el mundo con la mano y malearlo a tu gusto y placer.


Tengo la esperanza de que en cierto modo, podemos malear el mundo. Supongo que alguna vez has tenido un huracán de ideas, una tormenta de genialidades que has terminado no llevando a cabo por no saber por dónde empezar y que cuando por fin, has acomodado tu mente y has decidido empezar, todas esas genialidades se habían desvanecido.

Si llevásemos finalmente a cabo todas esas ideas, si invirtiésemos muchísimo esfuerzo en todo lo que hacemos, si no recurriésemos a la ley del mínimo esfuerzo, si la ideología mundial no estuviese basada en hacer la vida más fácil, rápida y sencilla… todo sería tan diferente. Si no hiciésemos siempre lo mínimo, si hiciésemos de esos huracanes nuestro máximo exponente podríamos en cierto modo malear el mundo.

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